miércoles, 25 de mayo de 2016

Face


No sé quién eres;
Sólo sé que eres tú.


No sé cómo eres…
Ni cuándo eres tú misma
O cuándo dejas de serlo.
Pero tengo esperanzas de saberlo
Cuando me introduzca en tu ser.

Me dices algo de ti y te dibujas con palabras,
Sin embargo, no sé tú constitución artística.

Sosteniendo la loca en mis manos
Y encontrándote en ella, te descubro,
No como lo que eres,
Sino como el dibujo que pincela mi mente.
Te veo como una voz melodiosa,
Callada como laguna en serenidad.

Te veo como una ninfa,
Sonriéndote, de los pájaros que vuelan
Y te cantan en tu jardín.
Te escriben cartas sin palabras.
Te declaman poemas sin versos.
Y miras desde lejos el amor que no has tenido
Pensando que ya lo tuviste.

Le rezo a Freud que no seas un fantasma,
Una nube difusa y dispersa en mi inconsciente.
En mis noches despiertas
Y en mis días dormidos, jamás te sueño.
Pero sí te hago presente en segundos que me distraigo en mí mismo.

Sublime belleza;
Sinónimo de locura.
  
Si te busco dentro de mí, no te encuentro;
Si te encuentro afuera te llevo  a dentro de mí
Y me posesiono de tu imagen tan llena de ti.
Mi mente es un universo lleno de mí
Y anfitriona de tu alma.

Mi corazón, oscuro como la noche estrellada
Y azul como el cielo nublado, se dispone a ser tu amigo.
Cada vez que pienso en ti,
Siento en mi corazón una luz egregia que ilumina tu rostro.

Quiero asomarme a tu ventana,
Y mirar las pinturas de tu alma.

Allá en las paredes de tu alma
Y en el cielo de tu corazón, ¡habita tanto de ti!
¡Tanto de los demás!,
Que te pueblan luces oscuras y sueños despiertos.
Hay ecos de ti, de lo que lloras y de lo que cantas.

Ahí donde eres tú misma,
Ahí donde tú desnudes es lo único que envuelve tu ser,
Ahí donde nadie conoce,
Y que tú no puedes explicarte a ti misma,
Me gustaría conocer.

A ese lugar donde la palabra se vuelve exigua
Y donde sólo se leen fracciones completas de ti.
Ahí mismo quiere llegar un verso mío
Sin escribirlo ni pronunciarlo.

Quiero sondear el abismo maravilloso de tu ser
Y descubrir en él tu esencia.

Ahí donde se armoniza tu alma con tu cuerpo;
Ahí donde no siempre habitas
Y que siempre está abierto al mundo,
Sin que el mundo lo sepa,
Es donde quiero entrar con tu permiso.

No me quiero detener en tu sonrisa,
En los movimientos de tus caderas
O en tus cabellos que se enredan en el viento.

Simplemente…
Quiero cerrar mis ojos,
Para ver lo que eres por dentro.

Ojos Negros


Te vi, y mis ciegos ojos vieron lo que no habían visto.
Te vi serena, plácida como un lago.
En tus ojos no había oleaje, sólo el sol amaneciendo en tus pupilas.
Y entonces como una epifanía, el universo entero se desnudó en tus ojos.
¡Ojos negros y resplandecientes!

Mil constelaciones de sueños vislumbran en tus ojos.
Y se anida la esperanza de un nuevo amanecer,
Una idea no cuajada,
Un beso hecho amor
Y millones de luces para mi caminar.

Me gusta ver tus ojos,
Y en ellos tu ser…
¿Qué hay detrás de esa ventana negra?
¿Qué hay detrás de tus ojos?
¿Qué hay en ellos?

¡Qué misterio tan pequeño y tan gigante!
¡Tanta luz en la oscuridad de tus ojos!

Te vi, y no me vi entre tanta oscuridad que irradias.
Te vi, y me vi en el espejo que llevas por fuera.
Te vi por fuera lo que eres por dentro.
Te vi, y no sé qué vi
¡Sólo sé que te vi!

Ojos negros
Bellos ojos, no por ser ojos, sino por ser tuyos.
Ojos negros
Bellos ojos, mares de tu ser,
Y ventanas de tu alma.

Una luz egregia inunda tus negros ojos
Y un suave paisaje se dibuja en tus miradas,
y mis ciegos ojos se iluminan con los tuyos.
Mujer de resplandecientes ojos negros
Apaga la luz de mi mirada
Para ver en ti la llama que inunda la vida.



miércoles, 18 de mayo de 2016

Discurso de Despedida, Promoción 2015

DISCURSO DE DESPEDIDA, PROMOCIÓN 2015
(Marlon Cruz)


Buenas tardes estimados compañeros, queridos formadores, familiares y amigos. Gracias a todos por acompañarnos en este momento de suma importancia para nosotros, párvulos del conocimiento filosófico.

Es un verdadero honor para mí poder representar a mis compañeros, porque estas palabras no son sólo mías, sino de cada uno de ellos. Porque juntos hemos caminado por los escabrosos senderos de la filosofía, que nos llevan al inabarcable misterio del hombre.

En el 2012 dimos inicio a la aventura filosófica. Es emotivo recordar el comienzo en nuestra casa de formación, pero más gratificante es darse cuenta, que mucho antes, en el pensamiento de Dios, él ya nos había elegido para emprender este camino. La única razón por la cual estamos aquí, es que Dios nos ha llamado y nosotros hemos respondido a su Voz. No hay ningún otro motivo más profundo que ese. Porque no hemos estudiado filosofía para ser filósofos, sino para ser cada vez más humanos, y para ayudar a otros a humanizarse en este mundo tan deshumanizado.

Una de las cosas más maravillosas de estudiar Filosofía, es la oportunidad de dialogar, de comprender y de asimilar el pensamiento de un filósofo para aplicarlo a nuestra propia vida. Un ejemplo de ello, de talante excepcional, es Sócrates, el cual adoptó la divisa délfica “Conócete a ti mismo” e hizo de su misma vida una filosofía. Y  espero en el buen juicio de cada uno, que hayamos comprendido que la finalidad de la Filosofía, en primer lugar, es ayudar al hombre a encontrarse consigo mismo, y después, a encontrarse con los demás, con Dios y con el universo. Puesto que la existencia humana, es más compleja que comprender los escritos de Hegel.

No importa si hemos leído muchos escritos filosóficos, porque al fin de cuentas, lo que verdaderamente importa, es si nos hemos encontrado con nosotros mismos. Lo que importa es si hemos comprendido el misterio de nuestro propio ser y del ser de Dios en estos cuatro años de recorrido por el Seminario Mayor “Nuestra Señora de Suyapa”. No importa qué corriente filosófica nos llama más la atención, o con la cual nos hayamos identificado más, porque lo esencial del atajo filosófico, es buscar siempre la verdad, tanto dentro como fuera de nosotros mismos.

Por eso mi mayor deseo para ustedes compañeros, para mí mismo, y para todos los que estamos aquí, es que busquemos siempre la verdad. Porque, si de verdad existe la verdad, no importan los caminos que escojamos, siempre habremos de llegar a ella. De lo que sí estoy seguro, es que la verdad siempre nos espera más adelante, y por ello, este camino no termina con la graduación, sino que, aquí comienza, aquí da inicio lo que no tiene fin. Graduarse es un peldaño más en la escalera que nos lleva a la Verdad. ¡Jamás, jamás abandonemos este camino de búsqueda y de entrega!

Todos hemos venido con la aspiración inocente de transformar el mundo, pero la Reflexión Filosófica, nos ha despertado de la ignorancia real de la realidad. No para quedarnos inmóviles o indiferentes ante ella, sino para transformar profundamente las situaciones que deshumanizan al hombre. De ahí, que ser filósofos en este siglo, en este país, es para cada uno de nosotros un reto. Un reto del cual no debemos rehusar.

Compañeros, cada uno de nosotros fuimos llamados de distintos lugares del país, con diferentes realidades y diversas historias. Y son muchas las cosas que juntos hemos vivido, hemos compartido mucho más que el estudio, mucho más que el espacio físico de un aula de clases. Hemos compartido la vida. Hemos compartido a amistad, hemos compartido, sobre todo, la vocación.

En nombre de cada uno de mis compañeros, le doy gracias a Dios. A nuestros familiares que siempre nos han apoyado. Le doy gracias a nuestros formadores, los padres Eudistas, especialmente, al Padre Gabriel Tristancho, quien nos abrió las puertas y nos encaminó por este sendero vocacional. Agradezco a todo el personal de docentes, que no sólo han compartido sus conocimientos con nosotros, sino que nos han entregado parte su vida.

Le doy gracias a cada persona que directa o indirectamente nos han ayudado en nuestro proceso de formación. Agradezco a las Hermanas de la Sagrada Familia, que silenciosamente oran y trabajan por nuestra vocación. Gracias a todos los empleados de nuestra casa de Formación, porque más que trabajadores han sido parte de nuestra nueva familia cristiana. Gracias a cada uno de los compañeros, los que nos anteceden y los que nos preceden, por apoyarnos mutuamente en este caminar vocacional, ya que  juntos caminamos hacia una misma meta. Gracias a todos los que no mencioné, pero que si están en la mente de mis compañeros y despiertan en ellos y en mí, sentimientos de gratitud.  

Hagamos del conocimiento recibido y adquirido en nuestra casa de formación una verdadera sabiduría. Recuerden compañeros que la única forma de inmortalizar las palabras, es escribiéndolas con nuestra propia vida. ¡Muchas gracias!