No sé quién eres;
Sólo sé que eres tú.
No sé cómo eres…
Ni cuándo eres tú
misma
O cuándo dejas de
serlo.
Pero tengo
esperanzas de saberlo
Cuando me
introduzca en tu ser.
Me dices algo de ti y te dibujas con palabras,
Sin embargo, no sé tú constitución artística.
Sosteniendo la
loca en mis manos
Y encontrándote en
ella, te descubro,
No como lo que
eres,
Sino como el
dibujo que pincela mi mente.
Te veo como una
voz melodiosa,
Callada como
laguna en serenidad.
Te veo como una
ninfa,
Sonriéndote, de
los pájaros que vuelan
Y te cantan en tu
jardín.
Te escriben cartas
sin palabras.
Te declaman poemas
sin versos.
Y miras desde
lejos el amor que no has tenido
Pensando que ya lo
tuviste.
Le rezo a Freud
que no seas un fantasma,
Una nube difusa y dispersa
en mi inconsciente.
En mis noches
despiertas
Y en mis días
dormidos, jamás te sueño.
Pero sí te hago
presente en segundos que me distraigo en mí mismo.
Sublime belleza;
Sinónimo de locura.
Si te busco dentro
de mí, no te encuentro;
Si te encuentro
afuera te llevo a dentro de mí
Y me posesiono de
tu imagen tan llena de ti.
Mi mente es un
universo lleno de mí
Y anfitriona de tu
alma.
Mi corazón, oscuro
como la noche estrellada
Y azul como el
cielo nublado, se dispone a ser tu amigo.
Cada vez que
pienso en ti,
Siento en mi
corazón una luz egregia que ilumina tu rostro.
Quiero asomarme a tu ventana,
Y mirar las pinturas de tu alma.
Allá en las paredes
de tu alma
Y en el cielo de
tu corazón, ¡habita tanto de ti!
¡Tanto de los
demás!,
Que te pueblan
luces oscuras y sueños despiertos.
Hay ecos de ti, de
lo que lloras y de lo que cantas.
Ahí donde eres tú
misma,
Ahí donde tú
desnudes es lo único que envuelve tu ser,
Ahí donde nadie
conoce,
Y que tú no puedes
explicarte a ti misma,
Me gustaría
conocer.
A ese lugar donde
la palabra se vuelve exigua
Y donde sólo se leen
fracciones completas de ti.
Ahí mismo quiere
llegar un verso mío
Sin escribirlo ni
pronunciarlo.
Quiero sondear el
abismo maravilloso de tu ser
Y descubrir en él
tu esencia.
Ahí donde se
armoniza tu alma con tu cuerpo;
Ahí donde no
siempre habitas
Y que siempre está
abierto al mundo,
Sin que el mundo
lo sepa,
Es donde quiero
entrar con tu permiso.
No me quiero
detener en tu sonrisa,
En los movimientos
de tus caderas
O en tus cabellos
que se enredan en el viento.
Simplemente…
Quiero cerrar mis ojos,
Para ver lo que eres por dentro.
