miércoles, 18 de mayo de 2016

Discurso de Despedida, Promoción 2015

DISCURSO DE DESPEDIDA, PROMOCIÓN 2015
(Marlon Cruz)


Buenas tardes estimados compañeros, queridos formadores, familiares y amigos. Gracias a todos por acompañarnos en este momento de suma importancia para nosotros, párvulos del conocimiento filosófico.

Es un verdadero honor para mí poder representar a mis compañeros, porque estas palabras no son sólo mías, sino de cada uno de ellos. Porque juntos hemos caminado por los escabrosos senderos de la filosofía, que nos llevan al inabarcable misterio del hombre.

En el 2012 dimos inicio a la aventura filosófica. Es emotivo recordar el comienzo en nuestra casa de formación, pero más gratificante es darse cuenta, que mucho antes, en el pensamiento de Dios, él ya nos había elegido para emprender este camino. La única razón por la cual estamos aquí, es que Dios nos ha llamado y nosotros hemos respondido a su Voz. No hay ningún otro motivo más profundo que ese. Porque no hemos estudiado filosofía para ser filósofos, sino para ser cada vez más humanos, y para ayudar a otros a humanizarse en este mundo tan deshumanizado.

Una de las cosas más maravillosas de estudiar Filosofía, es la oportunidad de dialogar, de comprender y de asimilar el pensamiento de un filósofo para aplicarlo a nuestra propia vida. Un ejemplo de ello, de talante excepcional, es Sócrates, el cual adoptó la divisa délfica “Conócete a ti mismo” e hizo de su misma vida una filosofía. Y  espero en el buen juicio de cada uno, que hayamos comprendido que la finalidad de la Filosofía, en primer lugar, es ayudar al hombre a encontrarse consigo mismo, y después, a encontrarse con los demás, con Dios y con el universo. Puesto que la existencia humana, es más compleja que comprender los escritos de Hegel.

No importa si hemos leído muchos escritos filosóficos, porque al fin de cuentas, lo que verdaderamente importa, es si nos hemos encontrado con nosotros mismos. Lo que importa es si hemos comprendido el misterio de nuestro propio ser y del ser de Dios en estos cuatro años de recorrido por el Seminario Mayor “Nuestra Señora de Suyapa”. No importa qué corriente filosófica nos llama más la atención, o con la cual nos hayamos identificado más, porque lo esencial del atajo filosófico, es buscar siempre la verdad, tanto dentro como fuera de nosotros mismos.

Por eso mi mayor deseo para ustedes compañeros, para mí mismo, y para todos los que estamos aquí, es que busquemos siempre la verdad. Porque, si de verdad existe la verdad, no importan los caminos que escojamos, siempre habremos de llegar a ella. De lo que sí estoy seguro, es que la verdad siempre nos espera más adelante, y por ello, este camino no termina con la graduación, sino que, aquí comienza, aquí da inicio lo que no tiene fin. Graduarse es un peldaño más en la escalera que nos lleva a la Verdad. ¡Jamás, jamás abandonemos este camino de búsqueda y de entrega!

Todos hemos venido con la aspiración inocente de transformar el mundo, pero la Reflexión Filosófica, nos ha despertado de la ignorancia real de la realidad. No para quedarnos inmóviles o indiferentes ante ella, sino para transformar profundamente las situaciones que deshumanizan al hombre. De ahí, que ser filósofos en este siglo, en este país, es para cada uno de nosotros un reto. Un reto del cual no debemos rehusar.

Compañeros, cada uno de nosotros fuimos llamados de distintos lugares del país, con diferentes realidades y diversas historias. Y son muchas las cosas que juntos hemos vivido, hemos compartido mucho más que el estudio, mucho más que el espacio físico de un aula de clases. Hemos compartido la vida. Hemos compartido a amistad, hemos compartido, sobre todo, la vocación.

En nombre de cada uno de mis compañeros, le doy gracias a Dios. A nuestros familiares que siempre nos han apoyado. Le doy gracias a nuestros formadores, los padres Eudistas, especialmente, al Padre Gabriel Tristancho, quien nos abrió las puertas y nos encaminó por este sendero vocacional. Agradezco a todo el personal de docentes, que no sólo han compartido sus conocimientos con nosotros, sino que nos han entregado parte su vida.

Le doy gracias a cada persona que directa o indirectamente nos han ayudado en nuestro proceso de formación. Agradezco a las Hermanas de la Sagrada Familia, que silenciosamente oran y trabajan por nuestra vocación. Gracias a todos los empleados de nuestra casa de Formación, porque más que trabajadores han sido parte de nuestra nueva familia cristiana. Gracias a cada uno de los compañeros, los que nos anteceden y los que nos preceden, por apoyarnos mutuamente en este caminar vocacional, ya que  juntos caminamos hacia una misma meta. Gracias a todos los que no mencioné, pero que si están en la mente de mis compañeros y despiertan en ellos y en mí, sentimientos de gratitud.  

Hagamos del conocimiento recibido y adquirido en nuestra casa de formación una verdadera sabiduría. Recuerden compañeros que la única forma de inmortalizar las palabras, es escribiéndolas con nuestra propia vida. ¡Muchas gracias!




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