Hace
tres años los números fueron testigos del primer beso que la Luna se dio con el
Sol. Y desde ese día las dos historias se hicieron una. El amor explosivo se
hizo río caudaloso, y los besos fluyeron sin cesar… mil momentos se acobijaron
bajo la noche, y los dedos fueron testigos de cada poro que juntos caminaron.
Ella
es una musa para él, poeta taciturno, que se alegra de escribir sus versos bajo
la Luna. Todo fluye cuando hay amor. Los versos se hicieron interminables, pero
más inagotable es la fuente de amor que abrió aquél beso inocente que amarró
sus corazones. Y pronto descubrió el poeta que siempre habrán poemas sin rima o
con rima para su musa, porque todo lo que se escribe desde el corazón jamás
vislumbra el ocaso.
Ella
es una diosa hermosa que ha hecho todo por su amado… Ella le entregó todo su
amor, sin que siempre fuese correspondida con fidelidad… Ella lo dio todo por
poco. El poeta tiene cáncer, y poco ama, pero a ella la ama como jamás ha amado
a nadie… Porque ella es su inspiración… ella es su amor.
En
tres años la historia se ha entretejido con hilos de amor, de desilusión, de tensión,
de miedo… pero siempre ha estado religada por la esperanza, por la fe y por el
amor… Son mil momentos los que juntos han vivido… son mil momentos que han
dormido juntos la media noche… Son millones de besos los que han ensayado, para
darse el beso perfecto que el 14 se dieron.
En
tres años, el poeta taciturno que se alegra con su musa, ha descubierto lo que
un día leyó en un guion de película: “Las personas nos agradan por sus
virtudes, pero las amamos por sus defectos”.
Cada
día… el sol se besa con la luna, para que por la noche, juntos iluminen los
sueños que deambulan por el aire…
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