Los
pobres siempre sufren la resaca de los ricos,
y
siempre van mendigando el pan que les corresponde por naturaleza.
Los
excluidos, los olvidados… los que para algunos son estorbos,
para
Dios que es amor y justicia lo son todo.
No
tengo nada en contra de los ricos, pero sí de la ambición desmedida de los
pocos que dominan todo este sistema inhumano.
Por
suerte existe la muerte, la muerte que siempre es justa, y no excluye ni a
ricos ni a pobres. ¡Bendita muerte! Maldita vida para los pobres, y miserable para
los ricos.
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